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Aprendizaje y emociones

Nos alegramos cuando conseguimos conversar en un idioma extranjero. Estamos orgullosos de nosotros mismos y de nuestro progreso en el aprendizaje de la lengua. Si no tenemos éxito, en cambio, acabamos disgustados o decepcionados. Distintos sentimientos pueden asociarse, por lo tanto, al proceso de aprendizaje. Nuevas investigaciones aportan interesantes resultados. Las mismas muestran que las emociones y los sentimientos son importantes ya durante el aprendizaje. Nuestros sentimientos influyen en el éxito de nuestro aprendizaje. Aprender representa siempre una tarea para nuestro cerebro. Una tarea que hay que resolver. El éxito final de tal empresa depende de nuestras emociones. Si creemos que podemos solucionar las dificultades sentimos confianza en nosotros mismos. Esta estabilidad emocional nos ayuda a la hora de aprender. Los pensamientos positivos estimulan nuestras capacidades intelectuales. Por el contrario, aprender bajo estrés conlleva peores resultados. Las dudas o las preocupaciones obstaculizan un óptimo rendimiento. Cuando tenemos miedo no podemos aprender, porque, en esos casos, nuestro cerebro apenas puede almacenar contenidos nuevos. Por eso siempre es importante que estemos motivados a la hora de aprender. Porque, en definitiva, las emociones influyen en nuestro aprendizaje. Ahora bien: ¡el aprendizaje influye también en nuestras emociones! Las mismas estructuras cerebrales que procesan hechos procesan también las emociones. Así que el aprendizaje puede hacerte feliz: y quien es feliz aprende mejor. Por supuesto, el aprendizaje no siempre resulta divertido: en ocasiones puede ser incluso tedioso. Por este motivo, lo mejor es irnos poniendo pequeñas metas. De esa manera evitaremos agotar nuestro cerebro y garantizaremos el cumplimiento de nuestras expectativas. Nuestro éxito se convierte así en una recompensa que nos mantiene motivados. Ya sabes: atrévete a aprender-¡sin dejar de sonreír!

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